Quisiera tener poder
para convertir la cuesta arriba del sufrimiento
en el manso llano y
feliz del andar leve y placentero,
para alcanzar la nube
eterna que cubre la mente del universo,
injusto, y tirar,
tirar, hasta abrir la puerta clara del amor,
de la justicia, en el
valle de la paz, ¡clamor sincero!
Quisiera inventar en
la altura, sobre la inquieta secuencia,
amigo, del valle de
la vida, la soledad compartida
con uno mismo,
sinceridad, actitudes naturales, sin fingir,
meditación sin
condición, nadie mintiendo, todo verdad,
la naturaleza por
testigo, Dios ahí, el cielo raso infinito,
la piedra, el brezo y
la ermita, silencio, el olor a pino y el viento,
el alma desnuda y en
el pensamiento la paz, el aroma eterno
de la grandeza de lo
pequeño, placer, libre albedrío,
de la libertad, del
sentimiento, de la ternura, de la emoción
de compartir con el
trino de las aves cantoras la inmensidad
del monte vacío, el
azul profundo de la nada inocente,
el candor de la falta
de malicia de la mañana siempre virgen,
de la tarde orlada
por la banda del dulce encuentro con la dicha.
Quisiera ser oración
sublime al aire descontaminado orada,
encaminada a la fe
del descanso, pureza y brillante claro, rezada,
amena sonrisa que
renueva el alma por el puro ser, por el verde manto,
donde la hierba
fresca crece viva, donde canta el grillo su alegría.

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