Espero que veas al levantarte
el rayo de sol que ilumina
la oscuridad de tu trisreza.
Como siempre, piensa en él,
notando el corazón de su cuerpo.
Si en la cocina le recuerdas
abre la ventana trasera
y fíjate en el cerezo,
mas no cuentes las cerezas,
no las cuentes, pero piensa
que son días infinitos
recordándote su ausencia.
En su nombre, por él,
acaricia a vuestros hijos
y sentirá tus manos en su cara,
en su alma que no descansa.
No vive sin ti dichoso,
mírale con tu corazón
y suéñale en la mirada
húmeda de tus ojos llorosos.
Mira las flores, esa belleza,
y junto al río respira
el frescor de la hierba,
donde por vez primera
la visión de vuestros ojos
se hizo vida al universo.
Mira el árbol de los columpios,
donde tu ropa hizo abanicos
a las románticas gotas del viento,
en el tiempo nostálgico, añorado,
de un imborrable atardecer.

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