Nunca de mi gusto fue
mirar atrás, gesto vano,
aunque a veces el pensamiento
aparece luchando ansioso
entre las olas de los recuerdos;
y ahí te veo, siempre viva,
mientras los pájaros y su sombra
gravan en mis ojos curiosos
la luz de lo brillante oscuro
en giros de feliz estética.
Desde que mamá dejó de ser
timón en nuestras vidas,
de nuestro existir señora,
volaron segundos de terciopelo
confundidos con las sombras
de nuestros pájaros compartidos,
en sus rítmicas redondas
zigzag escondido en el tiempo,
a través del cielo despejado,
claro, cálido y fiel testigo
de escaladas explosivas
hacia otro amanecer temprano.
La sombra que los pájaros activan
nunca logró cubrir el color raro
de todo lo que grita amor,
sembrado en tu corta vida,
sentido en mi largo caminar.
Y siempre que el agua plata
de nuestro río, hecho espejo,
proyecte pájaros y sombras
sabremos que ahí seremos vida,
que ahí la feliz presencia
conseguirá respirar tranquila.

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