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Sólo quiero verte y tocar los poros de tu cara
hasta cargar de caricias las yemas de mis dedos
y quiero contar en tus ojos las gotas del caudal
que forman tus lágrimas, aún no lloradas.
Ya no hay perlas en tus ojos, pero si una tierna mirada.
Sigo buscando tus ojos para saber si me miras
con ese sabor dulce que adivino en el rosa de tus labios,
y si en algún lugar quieres dejar tu mirada
únela al viento de terciopelo en el mar
de mis latidos agitados. Ondas de agua rizadas.
Siempre recordaré esa mirada, cálida, cercana,
unida por corrientes de amor, tanto al alma
como a la abierta ventana del corazón.

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