Poema nº 4
El aire espeso
de ropaje exento
se opone al
profundo y lento respirar,
las mariposas se
ahogan, rapiña.
y otra vez las
cuentas serán comunes
y la vergüenza
será pisoteada,
sin hacer
sangre, guante blanco,
cantando
impotencias cabreadas
desde la mente
al oído sordo
de imposibles
crucificados,
por siempre
amén, perdonados.
Desde mentes que
son cómplices,
desde cómplices
que risueños alegran
la injusta
justicia, el estúpido proceder
de escondidos
ruborosos, banco abierto.
Chupadores de
sudor, descubierto,
de colgados en
los monos de sangre
de la modesta e
ignorante plebe.
Y la masa bruta
da vivas a la nobleza,
dirigidos por el
que grita en cabeza,
y al siempre
presente clero, que bendice
con hisopos de
avaricia, sin corazón,
al Dios rico
poderoso y al que manda sin razón.

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