Poema nº 2
Te convertiste en ausencia y
trepaste el difuso rayo de luz,
buscaste el piso eterno sin fin, y
yo falté a la cita, indefenso,
a la desesperada llamada muda,
donde el silencio insonoro de Dios
me prohibió acompañarte.
Al morir la noche abrí los ojos,
siendo mañana recién nacida,
descubrí ese sueño tan pesado,
desconcierto en todos mis sentidos,
y Dios me convirtió en lágrima.
Vi desconcierto, caos puro, y lloré
de impotencia, triste,
odiando, vi cadáveres mudos, y
lloré la impotencia odiando,
tormento que me quema tanto.
Y nos sigue rigiendo ese Dios que
nos persigue sin piedad,
un azote de olas violentas que nos
ahoga el mundo
que ni siquiera elegimos.
Será que el vivir es un morir que
aun sabiéndolo buscamos,
paso a paso, dolor a dolor,
sufrimiento incruento sin fin,
desapareced pesares en mí.

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