II
Quiero decirte que fui yo el que
llamó a la puerta
que tu corazón dejó abierta.
He vuelto y ni siquiera corriste la mirilla de tu alma.
De pronto ascuas apagadas se removieron inquietas
hasta nublar el sol
que no hace mucho compartíamos
con esperanza cierta.
Cierro el techo superior y las estrellas caminantes
ya no creen en nosotros.
¿En dónde vive la ternura que desapareció sin rastro?
que tu corazón dejó abierta.
He vuelto y ni siquiera corriste la mirilla de tu alma.
De pronto ascuas apagadas se removieron inquietas
hasta nublar el sol
que no hace mucho compartíamos
con esperanza cierta.
Cierro el techo superior y las estrellas caminantes
ya no creen en nosotros.
¿En dónde vive la ternura que desapareció sin rastro?
¿Dónde la noche que unía tu alma y la
mía?
¿Dónde el rayo de luna que solícito enjugaba
las lágrimas que tu dolor
se negaba a derramar sobre la almohada?
¡Soy yo, no ves que soy yo el que vuelve a verte
y a besar tus pensamientos!
¡A cuidar el sentimiento dormido
que entre los dos olvidamos sin sentido!
¿Ahora qué?
¿Dónde el rayo de luna que solícito enjugaba
las lágrimas que tu dolor
se negaba a derramar sobre la almohada?
¡Soy yo, no ves que soy yo el que vuelve a verte
y a besar tus pensamientos!
¡A cuidar el sentimiento dormido
que entre los dos olvidamos sin sentido!
¿Ahora qué?
¿Quién sacrifica primero su orgullo?
¿Quién gritará desaforado, clamando amor,
ahora mismo?

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