XLIII
Calma tu ardor,
amor,
sin tortura,
en el agua fresca de mi corazón
que espera
sin jamás desesperar.
amor,
sin tortura,
en el agua fresca de mi corazón
que espera
sin jamás desesperar.
Brotará sin parar el bálsamo,
y cuando se cure la herida,
para siempre,
y cuando se cure la herida,
para siempre,
cuando la cicatriz se borre,
sin secuelas,
sin secuelas,
desaparecerá bajo el ocaso
ese día aciago
que tan traicionero cambió mi vida.
ese día aciago
que tan traicionero cambió mi vida.

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