XVIII
Los silencios se acercan y me cercan
para que pueda envejecer callado.
M. Benedetti
Quiero verte de nuevo, me cautivas,
pues esa rosa que vistes,
estola de rojo encendido,
ha chocado, en suave caricia
con mis ojos sorprendidos.
Y no fue ceguera,
muda quedó la sorpresa.
Se convirtió en silencio atenorado
mi emoción, al no esperarte,
y no pude hablarte, pero sí mirarte
con mis manos húmedas, raro sudor,
y el corazón cálido latiendo
al mover hacia mí tus pestañas.
Así hasta el fin de mis días,
sí que te quiero, callado,
pues no gasto tanto mi cuerpo
y mi fuerza
dará más alas a mi alma.
para que pueda envejecer callado.
M. Benedetti
Quiero verte de nuevo, me cautivas,
pues esa rosa que vistes,
estola de rojo encendido,
ha chocado, en suave caricia
con mis ojos sorprendidos.
Y no fue ceguera,
muda quedó la sorpresa.
Se convirtió en silencio atenorado
mi emoción, al no esperarte,
y no pude hablarte, pero sí mirarte
con mis manos húmedas, raro sudor,
y el corazón cálido latiendo
al mover hacia mí tus pestañas.
Así hasta el fin de mis días,
sí que te quiero, callado,
pues no gasto tanto mi cuerpo
y mi fuerza
dará más alas a mi alma.

No hay comentarios:
Publicar un comentario