XLI
Te amé en el dorso de la mariposa
inventada,
compartiendo su vuelo misterioso sin
oírte.
Fingiendo orgasmos escondidos entre el
aire
de ese tiempo, en verdad, casi aún no
nacido.
Te amé en el vuelo de una mariposa
inexistente,
en el fundido crisol de la nada, entre
tierra y cielo.
Mucho más allá de la muerte sin su nacimiento.
En el silencioso viento de las ánimas
encarceladas,
perdidas en el camino ignoto, en búsca
de la vida.
Te amé cuando la lluvia se hizo agua,
oro acuoso,
en la boca de la tormenta, cuando
rayos de artificio,
crepitantes, alumbraban en torbellino escandaloso
crepitantes, alumbraban en torbellino escandaloso
ese vacío tan oscuro de un más allá
nada conocido.

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