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lunes, 23 de marzo de 2020

EN EL AMOR, A SALVO P 49

En el amor, a salvo



XLIX

Cuando acariciabas mis manos sentía
mariposas en el corazón de mi alma.

Siempre fue tu sonrisa lo que alegraba mi cara
y oía en tus gestos las dulces notas
de la música compuesta en tus ojos,
partitura leída en la dulzura de tu mirada.

De repente descubrí el rayo de luz bailar
sobre la rendija acostada.

Me imaginé el día llamando a la puerta.

Por algo el gallo había cantado notas
de despertador perezoso, y mis manos
arrugaron sábanas de pureza,
húmedas por el sudor de la noche, o serían
lloros de tristeza, o porvenir incierto,

pudieran ser zancadillas traicioneras
pululando en mundo efímero.


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