VI
Y se oscureció el día en su rincón
favorito.
Las nubes lloraron al nublar sus
ojos la tarde,
que a su lento declinar irremediable se rendía.
que a su lento declinar irremediable se rendía.
Y yo trabajaba sentimientos de plata en mi alma
procurando como loco nervioso poder encontrar
un recuerdo que tuyo fuera, estampa en el aire.
Y las nubes, el sol y el agua, gotas de lluvia sin fin,
desde el cielo de nuevo en tormenta se rompieron,
y te vi, amor, toda entera, como realmente eras,
encerrada en la dulzura de tu cuerpo que aún deseo.

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