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jueves, 26 de marzo de 2020

EN EL AMOR, A SALVO P 62

En el amor, a salvo



LXII

Cuando tus ojos enrojecidos se bañaron
en las lágrimas de la incomprensión

ocupaste mi pecho.

Hiciste nido a tu corazón
dentro de los latidos de mi alma.

Solo puedo darte mi espíritu y vigilar tu pena.

Tus sueños, por un instante,
se unieron a las caricias de mis manos,

y un soplo venido de lejos

hizo música en los rincones nacidos
de los miles de placeres dormidos.

Cruzan besos insonoros a raudales
por delante de tus ojos casi abiertos.

De pronto me viste, y una leve sonrisa
desató el nudo de mis dudas,
que volando dolorosas
sobre oscuro pensamiento
me hicieron creer que ilusión y realidad
fueron verdad
en el volar de mis sueños.


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