LXX
¡Qué ruido tan silencioso
en vez de tus pasos me acompaña!
¡Qué ritmo desordenado en caos
son tus palabras en mi alma!
Mas cuando abro mis ojos al día,
cuando encierro mi noche en tu sueño,
descubro que no duermes, que eres.
Que vives en torno a mis pensamientos,
émulos de campanas musicales.
¡Qué ruido tan silencioso
en vez de tus pasos me acompaña!
¡Qué ritmo desordenado en caos
son tus palabras en mi alma!
Mas cuando abro mis ojos al día,
cuando encierro mi noche en tu sueño,
descubro que no duermes, que eres.
Que vives en torno a mis pensamientos,
émulos de campanas musicales.
Convertidos en besos y suspiros
en el concierto de mi pecho abierto.

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