VIII
Te inventé a diario para
acompañarte y no sentir soledad.
Inventé un beso, una caricia
embriagadora en tus labios,
en tu piel. Te inventé a diario, carbón encendido en mi corazón.
en tu piel. Te inventé a diario, carbón encendido en mi corazón.
Inventé un suspiro en el alma que calma un ansia,
un anhelo, la paz de mi sosiego. Un sosiego de paz cotidiano.
Te inventé a diario dulce y serena, tus ojos,
luces de seda, aliviando eternamente mi pena.
Inventé una mirada, amanecida en mi cara,
limpia, próxima, puesta en ti, en tu ser entero.
Te inventé a diario para que aceches mis sueños,
y acaricies mi corazón, latiendo en mis pensamientos.

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