XXXIX
Huye la vida a través, sin fin,
de la nítida densidad del mundo,
de la nítida densidad del mundo,
del viento agitado y cansado,
de la eterna edad que sedienta
bebe en cada fuente su vida,
en cada riachuelo cantarín
el bullicioso sonido rechinante
del recorrido a lo largo del camino.

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