XLII
El campo, verde
su color,
se tiñe de
seco.
El cielo, su
color azul,
se tiñe de
gris.
Llueve, el
campo bebe
y el gris del
cielo
es su vaso de
agua,
cura su sed.
Ya se murió el
día, ya descansa
con serena
quietud
en el ataud
que la noche le
da forma.
Ya quedaron
atrás las hores
sin que nada
nuevo sucediera,
igual que
siempre.
¡Terrible monotonía!

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