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martes, 24 de marzo de 2020

EN EL DOLOR DE LA MEMORIA P 44

En el dolor de la memoria



XLIV

Puedo escucharte, maldita tarde,
que escondes el sol de mi alegría,
apagas el rayo dorado,
bestia maldita.

Enfrías mi alma dentro de la hora oscura.

Así actúas, como si mis sueños
fuesen fruto de una rara inconsecuencia;

mudos, y no ciegos,

pero mudos encapsulados
en los miedos
por una acción engendrados,

que solo existe en el feroz dolor de la noche,
que lenta disfruta en la ausencia del tiempo.

Es excesivo el daño,
que en mi dormida mente,
tan insolente,
refleja lo ya vivido con temor,
que me duele al repetirse,
tan mal creados
la imagen, el sonido, el movimiento quieto,

paralizados en esa pantalla plana y falsa,
pero nacida de muchos odios provocados.

Detrás de los focos los mismos idiotas,
que hace tiempo sembraron
nuestra vida de esperanzas mentirosas.

¡Imbéciles que se arrodillan de súbito 
ante progresistas, que crecen sin disimulo!

Ortega, yo no soy yo y mis circunstancias.

Yo soy simplemente un asesinado
por una persona de mi máxima confianza.




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