VI
Llueven lágrimas desde
las nubes de sus ojos
y el herido, que tiene cicatrices en el alma,
levanta los brazos para agarrarse en el vacío
a la completa inexistencia de tus manos.
Yo no estaba, tú tampoco fuiste sostén,
porque nadie ya existía en el sentimiento,
solo el duro caparazón de la débil esperanza
era un frío remedio al odio recién nacido.
¡Cuántos caballos forman el galope temeroso
que aniquila la razón y establece el desamor!
El dolor avanza pintando a través del tiempo
el cuadro de trazos negros, oscuro y frío,
con las lágrimas como firma de aquel herido.
y el herido, que tiene cicatrices en el alma,
levanta los brazos para agarrarse en el vacío
a la completa inexistencia de tus manos.
Yo no estaba, tú tampoco fuiste sostén,
porque nadie ya existía en el sentimiento,
solo el duro caparazón de la débil esperanza
era un frío remedio al odio recién nacido.
¡Cuántos caballos forman el galope temeroso
que aniquila la razón y establece el desamor!
El dolor avanza pintando a través del tiempo
el cuadro de trazos negros, oscuro y frío,
con las lágrimas como firma de aquel herido.

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