LXII
Algo más de setenta años cerca de
ti.
Algo más de setenta años
presumiendo
de tus logros académicos,
numerosos,
que míos hacía, aquellos felices
tiempos.
Como hombre y sacerdote te
realizaste,
y ahora que nos dejaste, sin
avisar, solos,
pienso en nuestras aventuras de
niños,
en nuestro Rabal tan querido, tan
herido,
sin ti. Catedral primada en mis
recuerdos.
En vuestra casa de la plaza del
Sagrado
vivimos con el aceite de hígado de
bacalao
a cuestas, o haciendo autopsias a
las gallinas.
Por eso Sesa, Quico, tú y yo éramos
hermanos,
más que amigos. Allí para siempre
sellamos
algo que nos acompañó eternamente,
que surgió
del corazón, del alma, del amor.
Sesa y tú arriba.
Nosotros abajo, desolados, perdido
el control.
Ante la impotencia por perderte, así
como fue,
solo puedo clamar alto, ya sé que
estás oyendo:
¡Un beso, mi hermano Pepe! Y no nos
olvides.

No hay comentarios:
Publicar un comentario