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martes, 7 de abril de 2020

EN EL DOLOR DE LA MEMORIA P 62

En el dolor de la memoria



LXII

Algo más de setenta años cerca de ti.

Algo más de setenta años presumiendo
de tus logros académicos, numerosos,
que míos hacía, aquellos felices tiempos.

Como hombre y sacerdote te realizaste,
y ahora que nos dejaste, sin avisar, solos,
pienso en nuestras aventuras de niños,
en nuestro Rabal tan querido, tan herido,
sin ti. Catedral primada en mis recuerdos.

En vuestra casa de la plaza del Sagrado
vivimos con el aceite de hígado de bacalao
a cuestas, o haciendo autopsias a las gallinas.

Por eso Sesa, Quico, tú y yo éramos hermanos,
más que amigos. Allí para siempre sellamos
algo que nos acompañó eternamente, que surgió
del corazón, del alma, del amor. Sesa y tú arriba.

Nosotros abajo, desolados, perdido el control.

Ante la impotencia por perderte, así como fue,
solo puedo clamar alto, ya sé que estás oyendo:

¡Un beso, mi hermano Pepe! Y no nos olvides.


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