XXVIII
Huye la vida a través
del río que desemboca
en el canto de un mar estremecido.
Fui capaz de divisar a un navío
atravesar nervioso el vacío
que, entre cielo y ondas, acechante
se recrea.
Mirando el universo que hiciste,
pensando en el todo que en él
inventaste.
¿Quién placenteros sueños
me amanecían al huir amedrentado?
al abrir las manos antes cerradas,
al perder el amor que me sostenía,
al oír murmullos de voz insonoros,
dejados en la espesura ennegrecida,
perdidos en el gemir del río llegado.
Humedecidas perlas, gota esférica
multiplicada,
que nacen del nuevo río, cariz
eterno,
y llegan a su fin, desembocadura
incierta,
y se aman en las lábiles espaldas
de mariposas a pincel policromadas.
Sumergidas en el océano de la onda
aérea
o en el infinito, oscuro,
profundidad submarina extensa.

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