Este Mundo Herido
tu cara siempre tenía,
pintado en su alma,
un beso de alegría,
un eterno color, el esplendor,
un rictus de placer tan grade
que la estrella quiso rendirse
alumbrando gotas de tiempo
con nácar de almíbar dentro,
fuiste una luz intensa,
el claro resplandor
en mi noche corta,
cortas porque eras presencia,
pero grandes con tu ausencia,
siendo mía mientras llenabas
de sabor sin amargura el cielo
vivido a tu lado, cálido abrazo,
piel con piel la dulzura,
y de tanto compartir,
el amor no apagado
tendrá su infinito más dilatado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario