Este Mundo Herido
en mis sueños, alzado sobre la cama
revuelta, envuelto en realidad falsa,
el río se deslizaba bajo capa rizada,
licuando incidencias salvables, y ecos
que el dulce quejido del viento emitía,
pisando notas sin sonido en las arpas
del remolino al girar hacia el abismo,
ruidos de tormenta ausente son oídos,
minutos de cálido tiempo, con silencios
y zumbidos llegados de otros entornos,
matorral agradecido doblaba su rama
y ovacionaba desde sus orillas atentas
el frescor que regeneraba seres amigos,
ambiente favorito de aromas exquisitos,
en momentos de pasión, amor renacido,
remojones que sedaban el roce asurado,
besos de sol en los meandros atrapados,
círculos que arrancaban con sus manos
misterios en las sombras de los juncales,
en el reflejo cansino de un opaco retrato,
en la muerte insolente de todo su pasado.
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