POEMA Nº 11
Déjame
acariciar tu silencio por si me sientes,
cuando
llueve el alma desde nubes de esperanza,
regando
cielos azules en oasis que en tus ojos lucen
como
estrellas vivas de nocturnos desiertos.
Los
espejos del alma amanecen en nuevos anhelos,
nunca
en el cofre de tu interior perdidos,
mientras
el sedal de la suerte es lanzado
en
el dilema del camino
en
busca de felices inventos,
abrazados
a la vida, coreando con mil voces
misteriosas el ritmo pertinaz de sus latidos.
Espero
y siento porque quiero cerrar mis ojos
para
oír como se alejan con el viento
los
suspiros que se pierden en el aire
abovedado
de mi mente. Donde viven los sentidos.
Terciopelo
en mi alma siempre fueron
las caricias de esas manos,
piel
de seda, que las siento
cerrando
mis ojos, y dando rienda suelta,
en
el vaivén de la memoria, al fluir de los recuerdos.

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