POEMA Nº 17
Puede que algún día
consiga explicarte
por que el color de la
hierba se confunde
con el color de los
ojos del día, acechante,
curioso como aquel que
busca el calor de la vida
en el sol de mediodía.
Nunca en el ocaso final de la tarde.
No se oía la alegría
del toque de la guitarra,
si acaso la tristeza de
un violín ponía presencia armoniosa
en las notas que en el
viento se llenaban de sonido.
El río oía silbar en el
vaivén de las ramas
la lozanía de los
árboles, que aún conservaban
intactos los trajes de
hojas, reflejando
en el espejo del agua
sus figuras caprichosas.
No busques en el
entorno otra vida
que de felicidad te
mude el ánimo.
No sé por que llegaste
tarde a participar
de la simetría del
cuadro aún presente
en el silencio pausado
del atardecer.
Será porque estás vivo
y te cuesta aceptar
que la muerte llegará
porque alguien cortó
en cualquier época, en
cualquier lugar,
la ilusión de ser igual
a otro igual.
No prestigies tanto la
muerte cuando la verdad
es que luchaste de
forma desaforada
para aniquilar la
resurrección esperada.


No hay comentarios:
Publicar un comentario