Aquellos recuerdos siempre vivos y
aquel amor que eterno late.
Aquella belleza, aquel amor, aquel
tesón.
¿Quién devolverá a mi alma la
dulzura hecha palabra?
Aquel amor, aquella niña, “aquel
sol de la infancia”.
Y lloraban amapolas sobre lechos de
verde plata
y doblaban las espaldas largas
cañas, espigas tiernas,
dulce fruto, mañana calma, gotas de
tiempo escampan
en estos recuerdos claros, en este
amor que eterno vive.

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