Salí a buscarme al no verme y no me encontré en el camino,
pero sí vi rosas y claveles masticar los segundos del tiempo.
No quisiera encontrarme llorando como el sol a media cara, opaco,
que de tanto nacer de mañana muere siempre a media tarde,
entre nubarrones sin alma. Entre la nada que sin fuego arde.
Cada vez que salgo a buscarme siempre pasa algo, o me hiero
en la claridad del día, más que llena de pinchos de ausencias de pena,
o me agarro al pasamanos de la vida para no caer en el olvido. Inerte.
Mírame y tómame en cuenta, no ves que sufro la oscuridad
de la indiferencia eterna, sin ti, que para mi lo fuiste todo,
cielo y tierra, mar y aire, el ínfimo supremo de la materia,
jugando todos los ratos del tiempo a ser siempre lo mismo,
el yo eterno. La Inmortalidad que Impaciente espera.
Evitar con las fuerzas que restan verme en medio del abismo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario