VIAJE A UN PAÍS SOÑADO
SERGIO GARCÍA D. CANEDA
Ya mis primeros pasos me hicieron mirar atrás,
nada vi, solo cosas para olvidar, odio y ganas
de convertir mis penas en rocío fresco, placer,
y mi alma se dedicaba, allá dentro, a besar heridas.
¡Cuántas gotas de tiempo, llenas de nada, son testigo,
trote acelerado, para escapar adelante, espacio claro,
gestos y miradas de indiferencia que envenenan
seres indolentes todos muertos en ausencia de sonrisas!
Mas de pronto tropecé, émulo valladar, en el hecho real,
y maldije al estar escapando, ya sin duda, a toda prisa,
corriendo y escapando del ruidoso mudo, ciega imagen,
de la felicidad muerta, del pensamiento ideal insensato,
soterrado en las fosas vanas de las cisuras de mi cerebro.
Lloré bombas por mis ojos, sin espoleta, caducadas,
y al final, sí vi, brillante sol, el país soñado con anhelo,
ardiendo sin remedio, casi ya ser devastado por entero,
por los mismos de quien yo, ser temeroso, estaba huido.
No dudo, para siempre, haber sido ultrapasado tan veloz
a través de la atmósfera invisible en su espacio más vacío.

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