III
No sientas la amargura de tu ausente
adolescencia, deja que los niños jueguen,
no empieces a prohibir su desarrollo integral,
pero sí siente el gozo de tu deliciosa mocedad,
siendo ejemplo de experiencias al ser adulto.
Colúmpiate en el tiempo eterno
sin preocuparte de contar los segundos
en el reloj de tu hora interminable.
Pienso que eres un hombre sencillo,
que disfrutas de tu modestia
con tu ornamental porte exterior.
Creíste con desesperación esperando,
aunque nunca llegase la esperanza.
Siempre fuiste consciente de que
primero el hombre pretende
inventar
una ley que lo proteja de sus rapiñas,
de sus intrigas, de sus movimientos
materiales exagerados, de su
avaricia,
de su acelerado enriquecimiento.
Así también del tiro de gracia a la ilusión,
a la belleza de la solidaridad, al desinterés,
al altruismo y a la decencia. Después, delinque,
simplemente delinque. Y termina muriendo
sin libertad, sin ser feliz por vivir en un mundo
vacío, sin amor, sin pasión y sin locura.

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