Poema nº 2
Alguien escondió el
miedo detrás de las débiles almas
que temerosas hacen
defensas en la soledad del camino.
No sé quien desnudó el
pecho de la timidez de las palabras
que, en la boca
temblorosa, halló la sonora voz de si mismo.
Alguien vio que el sol
sufría ciego retornando sus rayos
heridos hacia una
eterna inmensidad, fulgor interno.
Y en el crisol del
fuego intenso el mundo ardiendo, se consumía
mi valentía y tu
cobardía, y la culpable indignidad,
con su maldad
reluciente, buscaba mentes con
paciencia,
otra desidia, otra vil
indiferencia, otro dilema jamás tratado
entre corazones, mudos
latidos, en presentes ausencias perdidos.

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