QUE TE PROMETÍ, Y QUE NUNCA ESCRIBÍ.
AHORA SI.
UN ABRAZO, ALLÁ, EN EL ALTÍSIMO.
Poema nº 17
De pronto llegué al final del
camino.
Desaparecieron los árboles, las
plantas,
y las flores se echaron a llorar
y a doblarse sobre su tallo
dolorido.
Las libélulas estaban muertas,
sembrando amarguras e inquietudes,
y el suelo parpadeaba perplejo,
ciego,
tapando el miedo en su rostro
nacido.
Húmedo lodazal que empezó
a desprender su secano de dolor!
El sol, por un momento,
tiró al suelo su brillo
y el aire comenzó a vibrar
raramente y se hizo viento.
Y mis pensamientos se callaron
en la mudez de mi mente.
Con quien podía yo hablar
en esta ausencia maldita?
En donde se perdieron
el zumbar de las abejas
y el monótono canto del grillo
en el declinar de la tarde?
De verdad que me quedé solo
y ya ni respira el tiempo.
Un telón oscuro avisa en mi mente
que me dé la vuelta,
que el camino, en su momento
elegido,
era equivocado, tan desconocido.
Y me volví. Y al desandar mi ida
pude darme cuenta
que todo era distinto,
que los pájaros recuperaron en su
vuelo
el aire que jamás conoció la
tormenta,
y que por siempre fue amigo del
viento.


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