Lo del rosa rosae, el res rei y el
buscar el toro en la oración
hizo que en mi vida le diera tanta importancia
a las palabras.
De verdad que empecé a sentir el
valor de la comunicación
y ser entendido. Y sentí
admiraciones aún absurdas y frías.
Te llamaba en la ilusión que soñaba
en todo el día por verte,
y en vez de acudir a mi mente tu
mirada escapaba, se perdía
entre emociones en otra cara,
indefinido ser que no existía.
Y pensaba darte en Cabreiroá aquel
primer beso tan soñado,
aunque más escondido el Pozo do
Demo estuviera a la vista.
La excursión ya estaba planeada y
las ideas, siendo pájaros,
inventaban aconteceres por el aire,
entre prados y sombras
de árboles encapuchados en sus
copas infinitas. Entorno mío.
Pero, seguro, que en otra parte
estarían tus latidos, otrora,
que la ocasión no tuvo existencia y
aún hoy estoy esperando.
También aprendí a volar sobre el
cielo del Pozo do Demo,
madre mía, y eso salvó mi vida, y
sabes que al ir por el aire,
solo pensé en ti, y que aquel día
de excursión solo convirtió
en utopía la ilusión generada en
las vísperas no olvidadas.

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