XIV
Te miré por encima del aroma de tus
ojos,
pero dentro había rosas azules que lloraban.
pero dentro había rosas azules que lloraban.
No eran lágrimas que se rompían en el aire,
eran gotas de alma cuesta abajo en tus mejillas.
Y con la esquina del pañuelo de mis sentidos
sequé tu cara, agradecida, y me besó tu sonrisa,
despertándome del sueño una dulce mirada,
que tanto añoro, cuando era mía tu mañana.

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