XXI
Me quisiste tanto, singular hermosa,
que la ciudad me odió celosa, oh mujer.
que la ciudad me odió celosa, oh mujer.
Todas las fuentes se engalanaron de alma
y las gotas de agua viva su espíritu fueron.
y las gotas de agua viva su espíritu fueron.
En ellas bañamos corazones y tristezas,
placeres también, sin cesar, escondidos.
placeres también, sin cesar, escondidos.
Y nuestros cuerpos, de inmortales ya vestidos,
subieron a gozar sus caricias en el cielo.
subieron a gozar sus caricias en el cielo.

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