LVIII
Fría la piel, con la mirada en el mar,
solo, sin ti, con las estrellas,
sufriendo tu huida apresurada
del centro de mi ilusión.
solo, sin ti, con las estrellas,
sufriendo tu huida apresurada
del centro de mi ilusión.
Desgarrado el corazón, rota el alma,
muriéndose en el agreste suelo
de un lacerante desamor
sus infinitos pedazos.
muriéndose en el agreste suelo
de un lacerante desamor
sus infinitos pedazos.
Quemándose la sangre en las lágrimas
saladas, ardientes como la brasa,
de la seca aridez de mi cuerpo.
saladas, ardientes como la brasa,
de la seca aridez de mi cuerpo.
Solo y muerto con mis versos, esperando
con desesperanza la caricia perdida
en tu noche eterna y fría.
con desesperanza la caricia perdida
en tu noche eterna y fría.
Muero vivo, sabiendo que jamás será mía
tu presencia calmante, vela de mis sueños,
que en el naufragio de mi vida, sin remedio,
devorando tiempo, ya agonizan.
tu presencia calmante, vela de mis sueños,
que en el naufragio de mi vida, sin remedio,
devorando tiempo, ya agonizan.

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