LXVII
¿Qué
bandeja de plata me deslumbra,
qué brillo, qué fulgor, qué opaca
libertad de tu ser se escapa?
¿Qué sofocante escalada
adelantó la impotencia
de esos dioses fracasados,
qué brillo, qué fulgor, qué opaca
libertad de tu ser se escapa?
¿Qué sofocante escalada
adelantó la impotencia
de esos dioses fracasados,
de esas urnas de vacío llenas,
del vacío tiempo, irrelevante?
Dulce, amorosa,
colorido desconocido.
En tu ausencia planto rosas,
azucenas y camelias,
amorosas cosas blancas,
y terciopelo oscurecido
entre recuerdos perdido.

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