II
Te
marchaste con el silencio en tu alma
y te llevaste entre tus labios, escondido,
y te llevaste entre tus labios, escondido,
el sabor de un beso mío
soñado en un amanecer tranquilo,
y al despertar bajo mis ojos había lluvia,
lágrimas redondas, blandas, argentadas,
que regaban los poros de mi cara,
enjugados por el placer de una sonrisa
al hacerse mayor la mañana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario