XXIX
Estaba allí, de casualidad,
o quizás no, pensando en verte.
La verdad es que no me conocías,
yo a ti, te había visto dos veces,
una en sueños, la otra inventando,
si, inventando tu figura ausente,
es doloroso querer abrazar el aire
para amarlo y tocar el viento,
que te ignora, y tampoco existe.
Pero el soplo del viento penetra en el alma
llevando placeres al resto del cuerpo.
¿Cómo se puede amar a quién no veo,
cómo puedo vivir siempre en un sueño?
o quizás no, pensando en verte.
La verdad es que no me conocías,
yo a ti, te había visto dos veces,
una en sueños, la otra inventando,
si, inventando tu figura ausente,
es doloroso querer abrazar el aire
para amarlo y tocar el viento,
que te ignora, y tampoco existe.
Pero el soplo del viento penetra en el alma
llevando placeres al resto del cuerpo.
¿Cómo se puede amar a quién no veo,
cómo puedo vivir siempre en un sueño?

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