XXX
Volviste dejar
encendida la luz
en el oscuro
devenir de mi alma,
pusiste un brillante
sentimiento,
dulces besos,
caricias templadas
en los labios de
mis recuerdos.
Y yo te pienso sin
esfuerzo
y sigo el dinámico
movimiento
de tus ojos con
sabor a miel
en el centro de mi
tímido ser.
Sigues plasmando en
mi pecho
la firma eterna de
tu presencia,
a la vez que me
muero por verte
con los ojos
incoloros de mi mente,
con la soledad de
mi larga pena.
Volviste dejar
encendida la luz
en la ceguera de mi
morada,
fría cueva oscura,
llena de nada,
donde tu ausencia
es tan presente
que tengo nostalgia
de tu mirada,
y siento que de tus
ojos despegan
latidos que en mi
corazón suenan.

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