XXXVIII
Desapareció la
noche y el llanto
de los tristes que
nunca brincan.
Creo que en algún
lugar está la llave
que convierte
sombras de la noche
en relucientes
sonrisas de estrellas.
Quiero que mires
para alegrar tus ojos,
luces de amor y
dulzura en tu rostro.
Apoya el alma en tu
hombro desnudo
y soñarás que tu
piel es oro y plata,
y tu pelo el dulce balanceo
acelerado
que seda las horas
del insomnio largo.

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