XLV
Explico mi ser que vivo más allá de
la materia.
Que no tengo alma, explico, apenas un hálito de sombra.
Explico que no tengo corazón, a no ser que un mudo latido
asomado a mi pecho abierto sea ventana a mi esperanza.
Explico mi ser que vivo más allá de los sentidos.
Que no tengo amor, explico, apenas un ligero suspiro,
que a través de mi seca vena recorre como sangre la arteria
de la dureza del sentimiento.
Que no tengo alma, explico, apenas un hálito de sombra.
Explico que no tengo corazón, a no ser que un mudo latido
asomado a mi pecho abierto sea ventana a mi esperanza.
Explico mi ser que vivo más allá de los sentidos.
Que no tengo amor, explico, apenas un ligero suspiro,
que a través de mi seca vena recorre como sangre la arteria
de la dureza del sentimiento.
Explico mi ser que vivo en la aridez
del desierto,
donde apenas una lágrima consigue surcar como riego
los poros muertos de mi cara, inexistente gesto risueño,
“parabiosis” de mis mejillas, que forman de frente mi cuerpo.
Explico mi ser que vivo un sin vivir, como muerto,
más allá de la materia, más allá del sentimiento.
donde apenas una lágrima consigue surcar como riego
los poros muertos de mi cara, inexistente gesto risueño,
“parabiosis” de mis mejillas, que forman de frente mi cuerpo.
Explico mi ser que vivo un sin vivir, como muerto,
más allá de la materia, más allá del sentimiento.

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