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miércoles, 25 de marzo de 2020

EN EL AMOR, A SALVO P 52

En el amor, a salvo



LII

Salí a buscarme al no verme
y no me encontré en el camino,

pero sí vi rosas y claveles masticar
los segundos del tiempo.

No quisiera encontrarme llorando
como el sol a media cara, opaco,
que de tanto nacer de mañana
muere siempre a media tarde.

Entre nubarrones sin alma.

Entre la nada que sin fuego arde.

Cada vez que salgo a buscarme
siempre pasa algo, o me hiero
en la claridad del día, más que llena
de pinchos de ausencias de pena,
o me agarro al pasamanos de la vida
para no caer en el olvido. Inerte.

Mírame y tómame en cuenta.

No ves que sufro la oscuridad
de la indiferencia eterna,
sin ti,

que para mí lo fuiste todo,

cielo y tierra, mar y aire,

el ínfimo supremo de la materia,
jugando todos los ratos del tiempo
a ser siempre lo mismo:
el yo eterno.

La inmortalidad que impaciente espera.

Evitando con las fuerzas que restan
verme en medio del abismo.




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