XXIV
El aire estaba disfrazado de cigarrón,
a mí me parecían columnas de humo,
que sonaban a música dulce en silencio,
el monte olía a chorizo asado y a panceta,
y el vino, orgulloso, llovía sobre la fiesta.
De fiesta estábamos todos, los ausentes,
nostálgicos, soñando imposibles, lejos,
vaso en mano, brindando y bebiendo.
Dando vueltas a la ermita, los presentes
atizando la brasa de cerca, carne y fuego.
Los verinenses, encendidos sus rostros,
degustando el entorno entre bocados,
con sabor a carnavales,
ya en puertas,
a la espera, siempre a la espera, otra vez,
repetir de nuevo un San Antón venidero.

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