XXIII
Alguien
escondió el miedo detrás de las débiles almas
que temerosas hacen defensas en la soledad del camino.
que temerosas hacen defensas en la soledad del camino.
No sé quién
desnudó el pecho de la timidez de las palabras
que, en la boca temblorosa, halló la sonora voz de sí mismo.
que, en la boca temblorosa, halló la sonora voz de sí mismo.
Alguien vio
que el sol sufría ciego retornando sus rayos
heridos hacia una eterna inmensidad, fulgor interno.
heridos hacia una eterna inmensidad, fulgor interno.
Y en el
crisol del fuego intenso el mundo ardiendo, se consumía
mi valentía y tu cobardía, y la culpable indignidad,
con su maldad reluciente, buscaba mentes con paciencia.
mi valentía y tu cobardía, y la culpable indignidad,
con su maldad reluciente, buscaba mentes con paciencia.
Otra
desidia, otra vil indiferencia, otro dilema jamás tratado
entre corazones, mudos latidos, en presentes ausencias perdidos.
entre corazones, mudos latidos, en presentes ausencias perdidos.

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