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jueves, 26 de marzo de 2020

EN EL DOLOR DE LA MEMORIA P 57

En el dolor de la memoria



LVII

Acostumbro a cerrar, a veces, mis ojos
y me remonto en el tiempo, pensando,
y mi alma cuenta diminutos segundos,
y así, de paso, de su letargo despierta.

Mas siempre mi viaje es claro retroceso,
chivato retrovisor pintado en el recuerdo,
solo lo antes vivido, dulzuras y amarguras.

Nunca mi mente fue procurada y sometida
a lo no vivido, que no inventa por ver ilusos.

Empieza el vaivén en las ondas del tiempo
a romper mentiras con la navaja del viento,
entre los dientes, y por mucho que analizo, 
no doy por hecho conocer retrovisor alguno,
que en su pantalla vea proyectado, por fin,
la visión al revés de toda marcha al futuro.

Pero sí anticipo  la tormenta y su aparato
en un sueño, despreciativo por poco serio.

El partido lo estaban jugando, con afición,
desgraciadamente, con su estúpida afonía:

“La ambición, el servilismo, vileza y tortura,
la prepotencia del que suele campar de sabio,
la indiferencia, que daban codazos a traición.”

Y cualquier otra lengua de fuego indecente,
que atraviese y provenga de otros feos cielos,
donde domine la complacencia y la sinrazón.

Todo impuesto a toque desairado por la locura,
por el poder único, la obediencia y la incultura. 


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