XV
Aquella madrugada fría era el
prólogo
a nuestra reunión infantil, en la plaza,
asistencia obligada bajo el caduco olmo.
Había sido nochebuena, una ilusión
esperada casi todo el año para darnos,
de manera tan singular, varios regalos.
Intercambio de pascuas le llamábamos,
donde intercambiábamos pasas, higos,
almendras, además de algún polvorón,
¡qué inocencia aquella nuestra de niños!
Estábamos obligados a preguntar y dar.
a nuestra reunión infantil, en la plaza,
asistencia obligada bajo el caduco olmo.
Había sido nochebuena, una ilusión
esperada casi todo el año para darnos,
de manera tan singular, varios regalos.
Intercambio de pascuas le llamábamos,
donde intercambiábamos pasas, higos,
almendras, además de algún polvorón,
¡qué inocencia aquella nuestra de niños!
Estábamos obligados a preguntar y dar.
¿Y mis pascuas? toma. ¿Y las mías? toma.
Yo entregaba un higo y una uva recibía.
Tú me dabas mazapán, a ti almendrados
te daba, con un par de besos en la mejilla.
Este es el recuerdo de mi niñez, un natal
de amistades nunca jamás profanadas.
Es el sincero asomar de dos nostálgicas
lágrimas cargadas de amigos de infancia.
¡Terrible dolor la espera de lo que jamás
será el velo de oro de la inocencia vivida!

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