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jueves, 19 de marzo de 2020

POZO BARRENTO P 24

Pozo Barrento



XXIV

Le envidiaban su vivir correcto. Era todo traje,
con exageración era corbata, que destacaba
entre los cursis y pedantes, ases del mal gusto.

Bebía sin hacer ruido, como si acariciara el vino,
mimando el mil veces besado vaso, hogar abierto.

Nada en él era síntoma de mala educación,
pero la vida le quitó ese punto de sofisticación,
que le evitaba la asimilación de un ser cursi,
que le alejaba de lo ridículo. Era tierno y sentimental.

Se emocionaba con el fracaso, o simplemente el tropiezo,
de cualquier ser humano, ahogándose sus ojos
en un mar de lágrimas saladas, hasta cegar su visión.

Se columpiaba en el tiempo eterno sin preocuparse
de contar los segundos de su hora interminable.

Apostó por ser feliz, pero la soledad lo trataba de aplastar
contra los rincones de su existencia espiritual.

Suspiraba por encontrarla, sí, a ella, pero su timidez
le acobardaba hasta empequeñecerlo y plegarlo
contra el centro mismo de su complejo de inferioridad.

Pero sonreía, siempre emitía jovial una sonrisa
que le satisfacía en la elaboración de su sencillo
y simple placer. Su mirada elevaba los ojos buscando el cielo.

Era un hombre sencillo que disfrazaba su modestia
con su ornamental porte exterior. Pero estaba solo, muy solo,
esperando un diálogo que le demostrara que alguien
se preocupaba de él como hombre, con todos sus sentidos.


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