XXV
Alrededor de la torre, codiciada
exposición participativa,
hay rayos de sol, claridad estúpida que ciega los ojos
de los que quieren ver la alegría del día reluciente,
que pasa móvil en su lógica dinámica. Con atlántica luz.
Brillo en el alma. Mirada iluminada en el corazón
de los alegres. Las aves remontan y cruzan el aire
con su sube y baja, con sus cambios de dirección.
hay rayos de sol, claridad estúpida que ciega los ojos
de los que quieren ver la alegría del día reluciente,
que pasa móvil en su lógica dinámica. Con atlántica luz.
Brillo en el alma. Mirada iluminada en el corazón
de los alegres. Las aves remontan y cruzan el aire
con su sube y baja, con sus cambios de dirección.
Con sus ondulantes rítmicas que cautivan miradas
de admiradores sensibles bajo cubiertas naturales.
Hacen contrastes infinitos en sus vuelos etéreos
iluminados por la luz definida del sol.
Se posan en la esperanza del césped, se pasean,
descansan, como si quisieran reposar de su fatiga.
Se ríen, se ríen entre picos, motivadas, presumidas,
porque son conscientes de que pueden surcar el cielo,
buscando la tranquila serenidad de Dios.
Se alimentan, se bañan, se secan en
la corriente cálida
de los rayos del sol.
Tienen facilidad para alcanzar logros, y sólo pagan
con su voluntario deseo, envidia de laboriosos cansados.
Tienen facilidad para alcanzar logros, y sólo pagan
con su voluntario deseo, envidia de laboriosos cansados.
Sin capacidad de recuperación, sin tiempo de descanso
en su cotidiana, cíclica y monótona vida, irremediable sino.
En los intercalados descansos de felicidad de los días finitos
si la lucha contra el tiempo fuese fácil de remontar
con la soltura del ave, con la alegría de la claridad,
con el brillo del alma, con el lustre dorado del corazón.

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