XXXI
En el cantar del mar
oí rosas de color rojo.
oí rosas de color rojo.
Llamé por quien cantaba
para mí y no sentí
las fuentes manando exaltadas.
Pero vi la nada
portando en el féretro de madera
el tiempo muerto,
el respirar amordazado
del movimiento infinito
que provoca el sonar del viento.

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