LVII
Estas
dos chicas ambas se pierden
en
el centro indefinido de mi visión.
Se
adentran en el cuadro,
dejando
atrás, en el dintel,
los
mantones de Shanghái,
con
su dorado colorido.
Como
expresión de vida,
que
proviene del misterio,
del
sol amarillo de China,
de
un incomprendido éxtasis,
una
sensual estética oriental.
¡Qué
secreto contemplan,
que
tan ensimismadas
ausentan
sus ojos,
quedando
presentes sus almas!

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